VII
ELOGIO AL APOSTOL PEDRO
abandonó Pedro un día,
para seguir al Señor
Jesús en su travesía,
y llevar la Redención
a toda la Tierra inmensa.
Fue tanta su abnegación
que Cristo, por
recompensa,
le dio las Llaves del
Cielo,
al que custodia con celo.
En una de sus andanzas,
en el pueblo se quedaron
y en todo el valle
sembraron
santas
bienaventuranzas.
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